La vida, aquí y ahora

¿El verano de mi vida?….

Muchos en esta situación afirmarían que éste está siendo un verano para el olvido.

En mi caso, más bien al contrario, creo que no se me va a olvidar ni una coma de toda esta experiencia.

El caerte te obliga a levantarte si quieres continuar, y desde luego que yo quiero.

He pasado por miles de emociones y me han invadido muchos pensamientos. Hay y habrá días malos, pero intento, extraer la parte buena de todo esto, porque seguro que la hay.

Cada día te brinda 24 horas por delante y sin una rutina de piloto automático (a la que estaba ya demasiado acostumbrada), y las noches en las que dormir, se ha convertido en un reto personal, los días pueden ser muy largos.

Es inevitable darle vueltas a la cabeza, a menudo para ordenar y proyectar, pero demasiadas veces también, para caer en el «y si…» Y la verdad, no vale la pena , porque no existe un «y si…», existe una realidad, un momento presente en el que ser y estar, una circunstancia a resolver y un muro que saltar. De nada sirve lamentarse, pensar que podría haberse evitado o haber sido diferente. Aceptar ha sido tal vez, la parte más difícil y lo que más me ha costado, pero a partir de aquí, ¿¿qué me queda?? ¡Remontar y palante!

Durante toda mi vida, he creído que las experiencias duras vienen a zarandearte y recordarte cosas que nuestro día a día a menudo nos hace perder de vista.

Normalizamos demasiado el ir en modo automático, el no prestar atención a nuestro alrededor, a las pequeñas cosas que normalmente son muy grandes, y damos por hecho una vida que es tan efímera como maravillosa.

Ahora desde una perspectiva muy diferente, soy espectadora de mi nueva y temporal realidad , donde cualquier pequeño logro me hace sentir bien, llena, feliz. Me hace ver que soy capaz de (casi) todo aquello de que me proponga.

Médicos y café, ese es mi calendario actual. Porque hay mucho detrás de alguien que saca tiempo para desayunar contigo, para un café o una llamada. Eso es lo que habla verdaderamente bien de la gente que te rodea. O cuando tu peluquera se convierte en tus manos para trenzarte el pelo y aportar a tu día frescor y calma. No puedo estar más agradecida.

Maravilla de tecnología que a todo esto, me acerca un poquito más a mis hijos y me hace sentirlos aquí. Y eso es mi paz mental. Cómo también el redescubrir en tu marido de 30 años juntos , a un atento y divertido cuidador que ha estado ahí desde el minuto uno (menos las noches, jajaja) mostrándome que es y siempre será mi brazo al que agarrarme. En los puentes y en la vida. Sinceramente, me siento muy afortunada.

No sé si saldré más fuerte o no de ésta, pero ay Dios, cuánto estoy aprendiendo.

Vivir el aquí y ahora nunca ha tenido tanto sentido.

continuará…..